Variaciones del papel | Capítulo III – Recopilar y editar
en el Centro de las Artes de San Agustín
- CAPÍTULO 3 CENTRO DE LAS ARTES DE SAN AGUSTÍN
Recopilar y editar, Francisco Toledo y los libros“Desembalo mi biblioteca. Aquí está.”
Walter Benjamin
Francisco Toledo siempre estuvo cercano a los libros. Contaba que, desde su infancia, tuvo la confianza del profesor Beltrán —librero de su comunidad en el sur de Veracruz— para ingresar y explorar los estantes de su librería. Gracias a la amistad con su padre, podía visitarla en horarios nocturnos, incluso cuando permanecía cerrada. Más adelante, al ingresar a la Escuela de Bellas Artes en la ciudad de Oaxaca, conoció la biblioteca de este espacio. Ahí entabló una relación profunda con la bibliotecaria Beatriz Natera Fernández, conocida como “Chatita”, quien más tarde lo acompañó y asesoró en las bibliotecas que impulsó. En esa época también comenzó a comprar libros. Ya existía entonces La Proveedora, donde podía conseguir algunos ejemplares. Cuando Toledo se mudó a la ciudad de México, descubrió un nuevo mundo de librerías y bibliotecas. Siempre fue cercano a los estantes, disfrutando de hojear y adquirir libros. Sin embargo, nunca se consideró un coleccionista, título que, decía, implicaba una relación más selectiva y restrictiva. Desde entonces cuestionaba la sacralidad del libro, muchas veces asociada a su valor monetario. Para Toledo, lo importante era que los libros pudieran tocar, hojear y explorarse. Solía repetir un dicho popular de aquella época: “hay que lamer las vitrinas de las librerías y las bibliotecas”.Durante su estancia en París mantuvo esa cercanía con los libros. A pesar de las dificultades de coleccionar en un lugar que no era el suyo, y con una residencia no fija, recordaba que muchos de los ejemplares que adquirió los donó a la Casa de México en París. La primera vez que compró libros para un proyecto propio fue al iniciar la Casa de la Cultura de Juchitán. Sin embargo, quizá su legado más duradero en torno a la selección, catalogación y preservación de libros es el que hoy podemos recorrer en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca. Recordaba que, en los primeros años, los ejemplares eran tan pocos que cabían en lo que hoy ocupa la tienda del IAGO. Con el tiempo, la colección creció. Algunos de los folios más antiguos datan de 1992, año de fundación del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca, cuando se pensó que en este espacio se podía resguardar la biblioteca, tiempo después regresó al IAGO. Como él mismo decía, el proyecto fue creciendo tanto que tuvieron que retirar zonas de exhibición para abrir nuevas salas de lectura.


